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Las incógnitas del crimen de Esther López que la Guardia Civil puede desvelar con la inspección del zulo

Cuatro años después de la desaparición y muerte de Esther López en Traspinedo (Valladolid), el caso vuelve a sacudirse con un hallazgo inesperado: un habitáculo oculto en el chalé familiar de Óscar S.M., el único acusado del crimen. A las puertas del juicio con jurado popular, la investigación -una de las más complejas y prolongadas de Castilla y León en la última década- se reactiva con una pieza que podría ser clave o, quizá, no aportar nada. La Guardia Civil está a punto de averiguarlo con la inspección del zulo autorizada por la jueza.

Un caso marcado por dudas desde el primer día

La madrugada del 13 de enero de 2022 marcó el inicio de un rompecabezas que aún no se ha completado. Esther López, de 35 años, desapareció tras pasar la noche con amigos y subir al coche de Óscar S.M. Según la Fiscalía, él le ofreció dormir en la casa familiar de Traspinedo cuando ella expresó que no quería volver a casa de sus padres. Allí, siempre según la acusación pública, se produjo una discusión que llevó a la joven a marcharse a pie.

El relato fiscal sostiene que Óscar la siguió en su Volkswagen T‑ROC y la atropelló por la espalda a unos 40 km/h de manera deliberada. Ninguna de las lesiones, según los informes, era mortal por sí misma. Esther habría sobrevivido si hubiera recibido atención médica. La causa final de la muerte fue un shock multifactorial.

El cuerpo apareció 24 días después, el 5 de febrero, en una cuneta cercana a la carretera que conduce al pueblo. Desde entonces, una pregunta ha perseguido a los investigadores: ¿dónde estuvo Esther durante esas tres semanas?

Un único acusado y un juicio inminente

La investigación, que comenzó con tres personas bajo sospecha, se ha ido estrechando hasta dejar solo a Óscar S.M., que mantiene su inocencia. La Fiscalía pide 18 años de prisión por asesinato con alevosía. Las acusaciones particulares –la de la hermana y la de los padres de Esther– coinciden en esa calificación. La defensa insiste en el sobreseimiento.

En este contexto, cuando el caso parecía encaminarse hacia el juicio sin grandes sorpresas, un nuevo elemento ha irrumpido con fuerza.

El zulo que nadie vio

El chalé familiar de Óscar ya fue registrado exhaustivamente entre el 9 y el 12 de abril de 2022. Nada relevante apareció entonces. Pero el nuevo propietario, al detectar humedades y levantar una baldosa, descubrió lo que los investigadores no habían visto: una trampilla oculta bajo una litera que daba acceso a un habitáculo de unos 4×3 metros. Un espacio que no figuraba en los planos.

El hallazgo, descrito como zulo, bodega o simple estancia oculta, ha obligado a reactivar la maquinaria judicial. La Guardia Civil cuenta ya con autorización para volver a entrar en la vivienda y examinar ese lugar centímetro a centímetro.

Dos escenarios posibles

La expectación es máxima. Sobre la mesa, dos posibilidades:

Que el zulo no aporte ninguna prueba relevante, quedando como una simple anomalía arquitectónica sin relación con el crimen.

Que el habitáculo revele indicios que confirmen que Esther estuvo allí, o incluso que arroje luz sobre la gran incógnita del caso: ¿dónde estuvo oculto su cuerpo durante los 24 días que transcurrieron entre su desaparición y su hallazgo?

Para la familia, que lleva cuatro años reclamando respuestas, esta inspección es una oportunidad que no quieren ver pasar. Para los investigadores, una segunda oportunidad en un escenario que creían ya agotado.

Un crimen aún lleno de sombras

El caso de Esther López ha estado marcado por dudas técnicas, reconstrucciones contradictorias y un escenario de muerte que la autopsia no logró definir con claridad: accidente u homicidio. La Fiscalía sostiene la tesis del atropello intencionado y posterior ocultación del cuerpo en el maletero del coche antes de abandonarlo en la cuneta donde fue encontrado.

Pero la pregunta clave-dónde estuvo Esther durante esos 24 días- sigue sin respuesta. Y es precisamente esa incógnita la que podría resolverse ahora.

La Guardia Civil ha entrado de nuevo en el chalé. El zulo espera. Y con él, quizá, la pieza que falta para completar un puzle que lleva cuatro años incompleto.